Nunca me hubiera imaginado que el fenómeno fan volviera a mí bastantes
años después de ser adolescente. Sin embargo el pasado 3 de diciembrecual una "isabelina" más me dirigí al cine Capitol de la Gran Vía madrilena
dispuesta a ver último capítulo de la primera temporada de la serie Isabel. Y
es que no trataba de ver la serie en tamaño cine aunque tamaña producción se lo
merezca, significaba además conocer a los protagonistas de la serie, charlar con ellos y cómo no, hacerse fotos ellos.
Tras la proyección del capítulo que finalizó con un largo aplauso y con pena porque de momento es el último, siguió un coloquio entre los actores, el director y el responsable de la serie de RTVE. Parte del publico pudo realizarles preguntas y demostrarles cuánto bien está realizando la producción a la enseñanza de historia, tanto a los que ya pasaron por las aulas, como a alumnos de hoy en día que desde que ven la serie atienden más cuando reciben lecciones de dicha asignatura.
Los protagonistas y el director contaron anécdotas del rodaje. Hablaron de la dificultad de rodar con trajes de época, o montar a caballo con armadura, además desvelaron que Pedro Casablanc, que intrepreta al obispo Carrillo, es quien aporta más humor en los sets, aunque el público pudimos observar que el buen humor y el compañerismo es común a todos. El equipo transmitió su entusiasmo por formar parte de una producción de tan éxito y con tanta trascendencia. De cara a la segunda temporada que empezará a rodarse en 2013, confesaron tener más responsabilidad, debido a gran éxito que ha cosechado la serie
Los " isabelinos" los esperamos con ansia y sólo les pedimos un deseo, que sigan siendo tan riguroso con La historia como lo han sido hasta hora.



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Muchos ciudadanos aplaudimos la medida del Gobierno de resucitar a Montesquieu o lo que es lo mismo, devolver al poder judicial algo de independencia. Se trata de volver a una ley que fue anulada en 1986 según la cual 12 de los 20 magistrados que forman el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) son elegidos por los jueces y los ocho restantes por las Cámaras. Al anular dicha ley que dio la mayoría de elección a las Cámaras, en nombre de dar poder a la soberanía popular, lo que se consiguió fue que el poder judicial dependiera del ejecutivo, es decir que a los jueces no se les elige por su valía o trayectoría si no por su color político y en definitiva aquel que resida en Moncloa era quien desginaba a los jueces para así tener siempre del lado de sus medidas, constitucionales o no, a la justicia. No es que la forma de elección adoptada por el nuevo Gobierno sea la perfecta pero se parece más a aquello que explicó Montesquieu, la división de los tres poderes como germen de la democracia. Nunca ha sido aceptado por muchos ciuadadanos que consideramos la democracia como un sistema libre y no cómo medio únicamente para facilitar a mis ideas, que lo jueces no pueden cambiar cada vez que hay elecciones.