La sentencia condenatoria para Baltasar Garzón ha originado controversia y opiniones encontradas como no podía ser de otra forma en este país. Yo saco dos conclusiones, una positiva y otra negativa. Empezemos por la negativa, los españoles hemos visto cómo se ha deshabilitado de su condición a un juez que generó hace muchos años gran simpatía y sobre todo mucha admiración. Se valoró su posición en la lucha contra el terrorismo y contra la corrupción, en eso todo el mundo estaba de acuerdo, pero pasaron los años y el señor Garzón empezó a protagonizar historias que muchos se resitian a creer por la alta admiración que había generado. Su incorporación a la política chocó pero no tanto como su pronta salida, dicen por no haber conseguido una cartera ministerial, volvió a la Audiencia Nacional y desde allí emprendió una lucha sin fisuras contra la corrupción del felipismo, ¿por venganza? La duda siempre quedará ahí. Años después, cuando otro Gobierno pactó con ETA, Garzón pareció olvidarse de su condición de juez y se subió al carro de los beneficios a los etarras, llegó incluso a decir que la justicia se tenía que adaptar a la nueva postura del Ejecutuvo, ay Montesquieu! A esas alturas la admiración que muchos españoles le procesaban empezaba a desaparecer y sin contar los tres procesos en los que se ha visto envuelto.
Me refiero ahora a la lectura positiva y no es otra que el triunfo del Estado de Derecho, que nadie está por encima de la ley. Y si un juez que fue un gran juez delinque, es uno más y se somete por tanto a un proceso judicial y si se ha comprobado la certeza de sus acciones, lo paga.
Muchas voces lo lamentan, es legítimo y respetable pero no lo es insultar al Tribunal Supremo por haber juzgado al ciudadano Garzón, flaco favor hacen a la democracia española, que imagen damos, ¿la de un país tercermundista que juzgan en base a una ideología?. Es necesario que todos lo españoles aprendan a respetar las decisiones judiciales y no insultar a quienes las dictan. Ese será otro gran paso de nuestra ya no tan joven democracia.
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