Muchos ciudadanos aplaudimos la medida del Gobierno de resucitar a Montesquieu o lo que es lo mismo, devolver al poder judicial algo de independencia. Se trata de volver a una ley que fue anulada en 1986 según la cual 12 de los 20 magistrados que forman el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) son elegidos por los jueces y los ocho restantes por las Cámaras. Al anular dicha ley que dio la mayoría de elección a las Cámaras, en nombre de dar poder a la soberanía popular, lo que se consiguió fue que el poder judicial dependiera del ejecutivo, es decir que a los jueces no se les elige por su valía o trayectoría si no por su color político y en definitiva aquel que resida en Moncloa era quien desginaba a los jueces para así tener siempre del lado de sus medidas, constitucionales o no, a la justicia. No es que la forma de elección adoptada por el nuevo Gobierno sea la perfecta pero se parece más a aquello que explicó Montesquieu, la división de los tres poderes como germen de la democracia. Nunca ha sido aceptado por muchos ciuadadanos que consideramos la democracia como un sistema libre y no cómo medio únicamente para facilitar a mis ideas, que lo jueces no pueden cambiar cada vez que hay elecciones.Y hablando de respeto a las normas democráticas, me ha sorprendido bastante la reacción de algunos políticos a la sentencia exculpatoria de Francisco Camps. Salvo el PP que obviamente la ha celebrado, el resto de los partidos políticos no solo no han demostrado su decepción sino que les ha dado igual la sentencia y le siguen considerando culpable. Por favor, primero de todo pido a los señores políticos que tengan en cuenta que son representantes de la soberanía popular y tegan un comportmiento ejemplar repetando las sentencias judiciales aunque sean dictadas por un jurado popular pero al fin y al cabo en una sala de justicia. ¡Más respeto a la Justicia!.