sábado, 13 de julio de 2013

Jarito

Dos días,  solamente dos días, estuvo Jarito en mi vida. Una mañana de sábado me encontré un pequeño pájaro,  se acababa de caer de su nido,  y yo diría que acababa de salir de su huevo,  el pobre carecía de plumas y prácticamente era transparente.  Al principio  pensé que su vida era cuestión de minutos así que decidí situarlo en un lugar cómodo para que pudiera morir en paz. Pasaron un par de horas y el minúsculo ave seguía aferrado a la vida, tanto que me pidió comida al acercarme y acariciarle con cuidado.

A partir de entonces decidí luchar junto a él por su vida,  buscando en la despensa encontré ingredientes para preparar una papilla que poder administrarle , con mi paciencia y su hambre de vida, lo fuimos consiguiendo poco a poco.  Yo vigilaba sus prolongados sueños que disfrutaba en un lecho de algodón,  parecían que también le daban vida.

Al finalizar el fin de semana,  me lo llevé de vuelta a la ciudad.  Un veterinario me recomendó no encariñarme mucho porque no apostaba mucho por su vida al ser tan pequeño y no gozar de los cuidados de su madre. Empecé a aceptar la dura realidad.
Tras administrarle alimentación especifica de pequeños aves, Jarito se rindió y su lucha see acabó.  Empezó para mi un gran vacío que presiento va a durar mucho en mí.  Le echo de menos,  a un pequeño ser que luchaba por la vida. Fue un ejemplo de supervivencia,  de que la vida es lo más importante,  la nuestra y  la de los demás.

Jarito descansa ahora mismo enterrado muy cerca de mi casa,  al pasar le saludo, y ese gesto hace que permanezca vivo, al menos en mí.