lunes, 7 de octubre de 2013

Tragedia en Lampedusa

Estos días la tragedia de Lampedusa ha agitado la conciencia de media Europa. Más de doscientas personas que viajaban en un barco procedente del norte de África murieron en un desgraciado naufragio. Se diriginan a la pequeña isla italiana pero las insuficientes medidas de seguridad con las que viajaban les llevó al desastre. El Papa Fracisco fue el primero en clamar por esta tragedia, no menos las autoridades de la isla que no tardaron en pedir ayuda a Roma y a Bruselas. El santísimo padre se refirió a este suceso como vergüenza, pero ¿a quién se refería?, ¿a quién echaba la culpa?. Son muchos los culpables que por actuación u omisión tienen responsabilidad en este tipo de tragedias que se repiten continuamente aunque no todas acaben en ese horrible número de cadáveres, aunque el mero hecho de decidir abandonar tu casa y tu país para embarcarse a un destino desconocido ariesgando la vida en ello, es también un drama. Sin duda las autoridades de los países africanos son los principales culpables de estas tristes historias, son pocos lo que pueden presumir de democracia y falta de corrupción, dos carencias que sin duda propician la pobreza y desesperación. A pesar de las donaciones que año tras año llegan a África, lo cierto es que la mayor pobreza se centra en gran parte del continente negro. La corrupción, las guerras tribiales e incluso de religión son una constante que obliga a mucha gente a confiar sus vidas en manos de mafias que organizan un viaje inseguro a la soñada Europa. Una Europa que aunque más pobre que hace algunos años dista bastante del escenario descrito anteriormente, aquí merece la pena extender la mano para pedir pues aunque cueste tiempo, al final varias monedas te permitirán sobre vivir, sin contar con las instituciones religiosas y benéficas que no miran si el inmigrante es legal o ilegal o su procedencia. En la África más pobre saben que allí no tienen futuro porque no tienen nada para comer y que en Europa, al menos, podrán saciar su hambre. Aquí no podemos dejarles a todos entrar, pero sí deberiamos hacer un exfuerzo para entenderlos y sentir más solidaridad con ellos. Y sobre todo, desde las altas instancias de Occidente no tener ninguna relación con cualquier dirigente político anti demócrata y corrupto de allí, sin dejar de atender las necesidades de la población, por supuesto. Creo que de algo serviría.