sábado, 16 de noviembre de 2013

Oslo

Dos  viajes en el mes de octubre me han tenido alejada de este diario de vivencias al que vuelvo ahora para relatar mis experiencias. El inicio del otoño es siempre una buena época para viajar aunque en algunas zonas de Europa te encuentres con un incipiente invierno,  así me ocurrió a mediados del mes de octubre cuando viajé a la capital de Noruega.

Oslo siempre es una buena opción como destino de vacaciones, y no porque se espere encontrar una capital monumental con bellos edificios,  ejemplos de diferentes estilos arquitectónicos o grandes avenidas.  No,  Oslo no es ejemplo de arte urbano, más bien de naturaleza urbana.  Es una ciudad donde se puede disfrutar de la montaña y del mar a la vez. El centro de la ciudad se encuentra entre un gran puerto de barcos de crucero y otros deportivos y multitud de senderos por los que pasear en plena naturaleza, sin olvidarnos de un gran trampolín de salto de esquí situado a tan solo 20 minutos en metro del centro de la ciudad.

Sin duda el Holmenkollen,  es una visita imprescindible,  no sólo por conocer una impresionante instalación deportiva, y casi percibir la sensación de los saltadores de esquí cuando saltan a tan magna altura en busca de una nueva marca deportiva.  Las vistas de la ciudad que se tienen desde arriba del trampolín hacen una idea de la fusión entre montaña y mar en una urbe.

Otro punto de interés para conocer la historia de Noruega es la isla de los museos.  Allí el museo del Folklore o del pueblo noruego  expone al aire libre hasta 155 casas históricas de todas las regiones del país nórdico, sin duda un repaso a la historia de un pueblo que ha sabido convivir con unas condiciones climatológicas adversas a las que siempre superó llegando a ser en nuestros  dias, uno de los paises más avanzados y ricos del planeta.  Aunque la naturaleza no ha sido en todos los casos antipática,  todo lo contrario, muy generosa,  pues no nos olvidemos, Noruega dispone de petróleo.

Otro de los aspectos que siempre ha caracterizado a este país haya sido su relación muy estrecha con el mar y por ende sus expediciones marítimas.  El museo del Fram,  nos cuenta esta parte de los historia noruega, a través de una visita a la entrañas de un gran barco que da nombre al museo.  Es además un homenaje a todos esos hombres que dejaron todo para embarcarse en unas aventuras de las que no todos regresaron pero que gracias a ellos sabemos hoy qué hay en los extremos norte y sur del globo.

De vuelta al centro de la ciudad tras un paseo de 15 minutos en un estupendo autobús urbano, no hay que perderse la visita al parque Vigeland,  donde el famoso escultor noruego dejó un impresionante museo escultórico al aire libre,  y desde  allí caminar hasta el Palacio real y sus jardines,  el parlamento,  el nuevo edificio de la ópera a la orilla del mar,  y no perderse un paseo por la fortaleza. Otro paseo,  también al aire libre,  por la historia de Noruega.

Y es que visitar Oslo es disfrutar de la naturaleza, y para cuando el frío arrecia,  el museo Munch, entre otros,  nos permite entrar eran calor y en contacto con el arte.

Próximo post: El Algarve.